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miércoles, 20 de junio de 2012

VÉRTIGOS Y ABISMOS



Andrés Barba (Madrid, 1975), es un portento literario. Con su nueva entrega, Ha dejado de llover, el escritor madrileño aborda, en cuatro relatos, las situaciones íntimas y personales de unos personajes que perfila magistralmente. Lo que se cuenta no es otra cosa que ese abismo que se abre ante nosotros en ocasiones. Si ponemos a los protagonistas al borde de un precipicio, con la mirada fija en el interminable vacío, tenemos la clave de estas narraciones sorprendentes, duras a veces, territorios explorados. Es esa sensación de vértigo, la posibilidad cierta de una caída irremisible, lo que Andrés Barba nos presenta.
Como decía, cuatro relatos, o novelas cortas, componen el libro: Paternidad, Astucia, Fidelidad y Compras. En todos ellos se nos presenta la incapacidad de transmitir y exteriorizar los sentimientos, se explora esa fragilidad de los hombres ante otros, ante una especie de enfrentamiento con esas otras personas que van habitando nuestro mundo. Las relaciones paterno-filiales, la desesperación, las cosas que separan, la incomprensión, las huellas de ir viviendo, esas son las pautas narrativas de Andrés Barba. Todo ello enmarcado en Madrid, una ciudad que el escritor recorre como un transeúnte de mirada privilegiada, con ese poder apreciativo que demuestra en cada detalle, en cada palabra (nunca en vano), en cada momento estelar de la novela. Al final, es la comprensión de los otros lo que nos salva, lo que nos pone ante nuestras propias debilidades. Es entonces cuando nos comprendemos, cuando tenemos la posibilidad, cierta y efectiva, de empezar a ser nosotros mismos, de aceptar que nuestra inconsistencia vital es un rasgo con el que podemos continuar, porque es, no podría ser de otra forma, una distancia necesaria para no dejarnos demasiada piel por el camino.



Su prosa es potente, directa y urbana, un decir personalísimo que crea un mundo narrativo fascinante. La escritura de alguien que sabe que esto de la literatura va en serio, que no cae en el habitual artificio estilístico y estético con los que algunos pretenden maquillar su falta de talento, de oficio, o de capacidad. Andrés Barba sabe el terreno que pisa, y lo hace con un lenguaje elegante y depurado, con una agudeza eficaz y portentosa. 


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