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lunes, 11 de junio de 2012

BREVEDAD DE UN ÁRBOL




Alejandro Zambra (Santiago de Chile 1975), nos presenta su primera novela, Bonsái, que, más que una novela al uso, o más que un cuento (ya que tiene algo más de noventa páginas, en formato bolsillo), es un resumen, unos apuntes de lo que podría ser una novela. Y esto sucede porque Alejandro Zambra va al centro del asunto, no se anda por las ramas, no articula paja sobre líneas, sino que se centra en la narración con una precisión en los hechos que le otorga una fuerza desmedida.
Poeta joven y reconocido en su país, en esta primera novela nos habla de lo precario del ser humano y sus convicciones, aunque, como un bonsái, la debilidad que aparenta es sólo eso, apariencia, ya que nunca terminan de resquebrajarse esas ramas delicadas y frágiles.



Julio y Emilia viven una historia de amor común, manida en la literatura, y ese es el acierto del escritor chileno, convertir la cotidianeidad en algo distinto. Y lo consigue por la falta de sentimentalismo hacia sus personajes, a los que despoja de toda artificialidad literaria. Los utiliza como vehículo de su narrativa, como si estuvieran ahí únicamente por la casualidad del texto, para profundizar en las relaciones personales, en la mentira, ya que es mentira que ninguno de los dos, tal como afirman, hayan leído a Proust. Pero el amor permanece, aunque distinto, evolucionado (que no mejorado), ya que tras la separación de la pareja Emilia viaja a Madrid, donde se suicida, aunque de esto Julio se entera dos años más tarde.
Con todo esto, podemos decir que el verdadero aliciente de la novela es el estilo de Alejandro Zambra, su inconformismo literario, su transformación de lo narrado en una cruda realidad, en la realidad misma de vivir un espejismo, como un golpe certero en esta forma tan personal de literatura. 

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