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lunes, 9 de abril de 2012

BUSCAR


Ante el protagonista de esta obra, Historia de un idiota contada por él mismo, de Félix de Azúa (Barcelona, 1944), se abre un vacío y un abismo del que no se vislumbra el final, encontrar la felicidad. Un texto ambiguo, donde no se dice explícitamente que contenga tintes autobiográficos, pero que, sin embargo, deja entrever una cierta memoria personal del autor. Como un estudio o una investigación, esta historia lineal y hábilmente hilvanada, nos sumerge más que en la vida (o vidas), en las ideas, en los conceptos en donde el protagonista busca el sentido y contenido de la felicidad. Una búsqueda que transita la infancia, la adolescencia, la mili (filosofo-castrense), el mundo del arte, el sexo o la filosofía, desembocando (parece que irremediablemente), en un distanciamiento del mundo, en una incomunicación subyacente en el propio protagonista desde el inicio del relato.



La prosa de Félix de Azúa es ágil y trepidante, aunque no está exenta de giros circulares y metáforas de contundente belleza. Con una maestría asombrosa, casi sin darnos cuenta, la narración nos propone la vida de su protagonista como sucesiva superación de aquella felicidad que busca, trocándonos a cada página el sentido mismo de la búsqueda. Como se nos va desvelando, esa búsqueda no es otra cosa que ir venciendo etapas, ir ganando distintas felicidades preestablecidas que no hacen sino ocultarnos el verdadero significado, la verdadera grandeza de la felicidad que tal vez, y sólo tal vez, no sea otra cosa que esa trasposición de estadios hasta llegar, tal como propone el texto, a una ilusoria soledad.

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