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viernes, 2 de marzo de 2012

UN VALS, CIUDADES Y NOCTURNO



He leído en varios sitios que la escritura de Sergio Pitol (Puebla, México, 1933) es de difícil lectura. No sé si estoy muy de acuerdo con esta afirmación, ni qué quiere decir exactamente eso de “difícil lectura”. Si por ello entendemos que sus relatos nada tienen que ver, por ejemplo, con los de Raymond Carver – genial, por descontado- podríamos decir que sí. Pero no se trata de eso. En este caso hablamos de Vals de Mefisto, que en su edición original lleva por titulo Nocturno de Bujara. Lo que en los cuatro relatos que forman el libro leemos, es, simplemente, literatura, y eso, en estos tiempos, sí es verdad que puede ser considerado como una lectura difícil.



Pitol juega con el tiempo, que nos muestra con una medida distinta a la que conocemos, y cuenta historias que están dentro de otras historias, así, la trama, siempre es fragmentaria, y por entre la narración subyace un halo de la conciencia del ser humano que se va articulando en torno al flujo de la acción. Y es que Pitol sugiere, nos pone delante una serie de claves para entrar en ese universo de su literatura y constatar, sobre todo, que el propio texto genera la narración. Por otro lado está la ubicación de sus relatos, las ciudades que sirven de escenario a la trama, lo que contribuye en gran medida a la mistificación de lo contado. El contrapunto entre realidad y fantasía, invención y verdad, se genera en la imaginación del autor, que nos adentra en varios niveles narrativos, donde, no siempre, encontramos la salida. Desde un inicio más o menos cierto, o incierto, Pitol nos lleva por un vaivén incesante del lenguaje que nos enfrenta a la trama, ambigua, laberíntica a veces, pero siempre resuelta de forma magistral. Quizás sí que sea en cierto modo una difícil lectura, pero, en cualquier caso, una “difícil lectura” fascinante.

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